Artículo original: Segeroth M, Badertscher P, Strebel I, van der Stouwe JG, Formambuh J, Caobelli F, et al. Diagnostic Accuracy of Fourth Universal Definition ECG Criteria for Identifying Prior Myocardial Infarction. Radiology: Cardiothorac Imaging. 2025 Dec 1;7(6)
DOI: 10.1148/ryct.250082
Sociedad: Radiological Society of North America (RSNA) (@RSNA)
Palabras clave: realce; RM; inmunosupresión; linfoma; LCR; infección; tumores.
Abreviaturas y acrónimos utilizados: ECG (electrocardiograma); LGE (realce tardío de gadolinio); pMI (infarto previo de miocardio); RMC (resonancia magnética cardíaca); UDMI (Cuarta definición universal del infarto de miocardio).
Línea editorial: Radiology: Cardiothoracic Imaging es una revista científica de acceso abierto publicada bimensualmente por la Radiological Society of North America (RSNA). La revista está disponible exclusivamente en formato digital y forma parte del conjunto de publicaciones especializadas de la RSNA, junto con Radiology, Radiology: Artificial Intelligence, Radiology: Imaging Cancer y Radiology Advances.
La línea editorial de Radiology: Cardiothoracic Imaging se centra en enfatizar los avances en investigación y desarrollos técnicos en imagen médica que impulsan la medicina cardiotorácica. La revista tiene como objetivo servir como plataforma para la difusión de conocimiento científico de alta calidad en las áreas de imagen cardiovascular y torácica, abarcando tanto aspectos diagnósticos como terapéuticos publicando investigaciones en las siguientes áreas especializadas: resonancia magnética cardíaca (RMC), tomografía computarizada cardíaca, ecocardiografía, imagen de flujo 4D en el apartado de imagen cardíaca y en otras áreas relacionadas con la imagen pulmonar como es el cribado de cáncer de pulmón, las enfermedades intersticiales pulmonares o la imagen funcional pulmonar.
En el número publicado en diciembre de 2025 encontramos artículos muy interesantes aparte del objeto de la presente revisión, es recomendable la lectura de los siguientes trabajos: Arterial spin labelling MRI for noninvasive monitoring of treatment response in acute pulmonary embolism sobre la perfusión pulmonar y los defectos residuales tras la terapia antitrombótica o Quantitative CT evaluation of bronchiectasis improvement in cystic fibrosis after CFTR-modulator therapy sobre la reversibilidad morfológica de las bronquiectasias mediante evaluación cuantitativa por TC.
Motivos para la selección: He seleccionado este artículo porque el infarto de miocardio previo (pMI) es un marcador crucial de riesgo cardiovascular que influye en múltiples decisiones terapéuticas, estratificación pronóstica y prevención secundaria. Tradicionalmente, el electrocardiograma (ECG) ha sido la herramienta diagnóstica más accesible y económica para detectar pMI. Sin embargo, la confiabilidad de las ondas Q patológicas como evidencia de infarto transmural y cicatrices miocárdicas ha sido cuestionada, especialmente con la disponibilidad de técnicas de imagen avanzadas como la RMC con realce tardío de gadolinio (LGE), considerada el gold-standard para la detección de cicatrices miocárdicas.
La Cuarta Definición Universal del Infarto de Miocardio (UDMI), publicada para estandarizar criterios diagnósticos, requería validación contra métodos de imagen avanzados. Este estudio aborda esa necesidad, pero su diseño y hallazgos plantean tanto contribuciones valiosas como limitaciones significativas.
Resumen:
Este estudio evaluó la precisión diagnóstica del ECG de 12 derivaciones para detectar pMI utilizando los criterios de la UDMI. Se analizaron retrospectivamente 1038 pacientes consecutivos referidos para RMC en el Hospital Universitario de Basilea, Suiza, entre enero de 2018 y agosto de 2020.
La RMC con LGE se utilizó como estándar de referencia. Dos cardiólogos certificados independientes interpretaron los ECGs cegados a la información clínica y a los resultados de la RMC, aplicando los criterios de la UDMI. Un tercer cardiólogo resolvió los desacuerdos.
De los 1038 pacientes, 208 (20%) tenían pMI confirmado por RMC. El ECG detectó correctamente 82 de estos 208 casos, resultando en una sensibilidad del 39.4%, especificidad del 88.4%, valor predictivo positivo del 46.1% y valor predictivo negativo del 85.3%. La precisión diagnóstica global fue del 78.6%.
El rendimiento diagnóstico varió según la transmuralidad y la localización del infarto. Los infartos transmurales fueron detectados en el 40.2% de los casos, mientras que los subendocárdicos solo en el 12.3%. Los infartos laterales fueron los más difícilmente detectables (30.7%), seguidos por los inferiores (47.7%). El ECG no detectó 126 de los 208 pacientes con pMI confirmado (60.6%), siendo el 72.6% de estos casos infartos subendocárdicos y el 48.0% transmurales.
Las ondas Q patológicas mostraron alta sensibilidad (98.1%) pero baja especificidad (6.2%) para identificar infartos transmurales. Los trastornos de conducción fueron más frecuentes en pacientes con infarto previo y redujeron aún más la capacidad de detección del ECG. La sensibilidad mejoró con el aumento del tamaño del infarto.
Los autores concluyeron que los criterios electrocardiográficos de la UDMI proporcionan alta especificidad, pero sensibilidad limitada para detectar pMI, particularmente los subendocárdicos y laterales. Recomendaron precaución al descartar infarto previo basándose únicamente en el ECG y sugirieron priorizar la RMC cuando la certeza diagnóstica es necesaria para tomar decisiones en el manejo clínico del paciente.
Valoración personal:
Este estudio representa un esfuerzo metodológicamente riguroso para validar los criterios electrocardiográficos de la UDMI frente al gold standard de la RMC. Sus fortalezas principales radican en el cegamiento excepcional, el estándar de referencia apropiado, y el tamaño muestral considerable. Los hallazgos son clínicamente relevantes y desafían creencias arraigadas sobre la confiabilidad del ECG para detectar infartos previos.
Sin embargo, el estudio presenta limitaciones significativas que comprometen la generalización de sus hallazgos. La población altamente seleccionada de un hospital terciario con prevalencia de enfermedad del 20%, el diseño unicéntrico, la ausencia de cálculo de poder estadístico, y la falta de diversidad poblacional limitan sustancialmente la aplicabilidad de los resultados a la mayoría de los contextos clínicos donde se utiliza el ECG.
La validez interna del estudio es alta, con un diseño metodológico robusto que minimiza sesgos. Sin embargo, la validez externa es baja debido a las limitaciones de generalización mencionadas. Los hallazgos son más aplicables a contextos terciarios similares con pacientes referidos para imagen cardiaca avanzada, pero probablemente sobrestiman el rendimiento diagnóstico del ECG en atención primaria o poblaciones hospitalarias generales.
A pesar de estas limitaciones, el estudio hace contribuciones valiosas al conocimiento clínico. Proporciona la primera validación grande de los criterios de la UDMI, cuantifica la magnitud de las limitaciones anatómicas del ECG, y desafía el dogma sobre las ondas Q patológicas. El mensaje principal es claro y clínicamente importante: el ECG tiene limitaciones diagnósticas graves para detectar pMIs y no debe utilizarse aisladamente para descartar esta condición cuando existe alta sospecha clínica.
Futuras investigaciones deberían abordar las limitaciones identificadas mediante estudios multicéntricos prospectivos en poblaciones diversas, con cálculos de poder estadístico apropiados, comparación directa con criterios previos, exploración de derivaciones adicionales, y análisis de costo-efectividad. También sería valioso desarrollar modelos de predicción clínica que integren hallazgos electrocardiográficos con factores de riesgo, síntomas y biomarcadores para optimizar la estratificación de pacientes que se beneficiarían de imagen avanzada.
Paula Menor García
Complejo Asistencial Universitario de Salamanca, R2
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