Artículo original: Waldron R, Murad V, Krishna S, O Brien C. Twisting in the abdomen and pelvis: a review of organ torsions. Abdom Radiol. 2025 Dec 27
DOI: 10.1007/s00261-025-05346-4
Sociedad: Society of Abdominal Radiology (@SAR)
Palabras clave: abdomen, CT, ischemia, MRI, torsion, whirlpool sign.
Abreviaturas y acrónimos: IFTT (Isolated Fallopian Tube Torsion o torsión aislada de trompa de Falopio); LUQ (Left Upper Quadrant o cuadrante superior izquierdo); RM (Resonancia Magnética); RUQ (Right Upper Quadrant o cuadrante superior derecho); TC (tomografía computarizada).
Línea editorial: Abdominal Radiology mantiene una línea editorial centrada en la imagen abdominal y pélvica extendida. La revista prioriza trabajos que aportan utilidad real al radiólogo en su práctica diaria, especialmente en escenarios de urgencias o en situaciones diagnósticas complejas donde el reconocimiento de determinados patrones de imagen puede cambiar de forma decisiva el manejo del paciente. Es especialmente receptiva a artículos de revisión y revisiones con abundante material gráfico y un mensaje docente claro, en los que se abordan tanto patologías frecuentes como entidades menos comunes, pero potencialmente graves. La investigación original que publica suele tener un enfoque aplicado, mientras que muestra menos interés por trabajos excesivamente técnicos o metodológicos que no tengan una repercusión asistencial evidente. En conjunto, se trata de una revista pensada para radiólogos que informan patología abdominal de forma habitual, incluidos residentes en formación avanzada, y que buscan contenidos sólidos, prácticos y fácilmente trasladables a la rutina de trabajo diario.
Motivo para la selección:
Desde la perspectiva del residente, se selecciona este caso por corresponder a una patología poco frecuente en la práctica habitual de guardia, pero que sí puede aparecer en el contexto de dolor abdominal agudo. Se trata de entidades que suelen presentar una clínica inespecífica y que pueden pasar fácilmente desapercibidas. De hecho, la motivación para profundizar en esta patología surge tras haber atendido previamente un caso similar que no identifiqué por mi cuenta, y fue mi adjunto el que me ayudó a describirla. La revisión de este artículo permite reforzar el conocimiento de los hallazgos radiológicos clave que facilitan su reconocimiento, y así evitar que esto me suceda a mí, o a cualquier otra persona dedicada a la radiología.
Resumen:
Las torsiones de órganos abdominales y pélvicos constituyen una causa poco frecuente pero clínicamente relevante de dolor abdominal o pélvico agudo. Aunque la mayoría de los episodios de dolor abdominal en urgencias se deben a entidades comunes, las torsiones viscerales no intestinales pueden pasar desapercibidas debido a su presentación clínica inespecífica y a la baja rentabilidad de los parámetros analíticos. El retraso diagnóstico puede conducir a isquemia, necrosis y pérdida orgánica, por lo que la imagen juega un papel central en su reconocimiento precoz. Esta revisión sintetiza la fisiopatología, los factores predisponentes, los hallazgos radiológicos y las estrategias diagnósticas de las torsiones menos habituales, como las que afectan al bazo, vesícula biliar, epiplón, apéndices epiploicos, ovario, trompa de Falopio y estructuras testiculares.
Desde el punto de vista fisiopatológico, la torsión se produce cuando un órgano gira sobre su pedículo vascular o mesentérico, lo que inicialmente provoca obstrucción del retorno venoso, congestión y edema, y posteriormente compromiso arterial, isquemia e infarto. Los factores predisponentes pueden ser congénitos, como la laxitud o ausencia de ligamentos de fijación, o adquiridos, incluyendo traumatismos, embarazo, envejecimiento, masas adyacentes o alteraciones anatómicas que aumentan la movilidad del órgano.
La imagen es esencial porque los signos clínicos suelen ser vagos. Entre los hallazgos radiológicos comunes destacan la malposición del órgano, el aumento de tamaño, el edema parenquimatoso, la alteración del realce y, de forma característica, la visualización de un pedículo vascular retorcido, conocido como el signo del remolino (whirlpool sign), altamente sugestivo de torsión. Este signo puede identificarse en distintas modalidades de imagen.
La ecografía suele ser la prueba inicial, especialmente en pacientes jóvenes y en patología pélvica o escrotal, por su disponibilidad y ausencia de radiación. Permite detectar asimetrías, cambios morfológicos y, en ocasiones, el pedículo retorcido. El Doppler aporta información vascular complementaria, aunque la preservación del flujo arterial no excluye una torsión, ya que el compromiso venoso suele preceder al arterial. La TC con contraste es la modalidad más sensible y específica en el contexto de dolor abdominal agudo, especialmente útil para torsiones de órganos sólidos como el bazo o la vesícula biliar, permitiendo valorar con claridad la anatomía, la posición del órgano, el pedículo vascular y los signos de isquemia. La RM, aunque menos empleada en urgencias, es una alternativa excelente en pacientes jóvenes o embarazadas y resulta particularmente valiosa en casos pélvicos complejos, gracias a su superior caracterización tisular.
Entre las torsiones del abdomen superior, la torsión esplénica suele asociarse a un “bazo errante”, secundario a laxitud o ausencia de los ligamentos de fijación. Se presenta con dolor en hipocondrio izquierdo y puede complicarse con infarto, hemorragia o hiperesplenismo. La TC es la técnica de elección, mostrando localización ectópica del bazo, esplenomegalia, hiporrealce y el signo del remolino. El tratamiento es quirúrgico, con esplenopexia si el bazo es viable o esplenectomía si existe necrosis.
La torsión de la vesícula biliar es una urgencia quirúrgica infrecuente que afecta sobre todo a pacientes ancianos, relacionada con una vesícula “flotante”. Clínicamente imita una colecistitis aguda, pero no responde al tratamiento antibiótico. En TC pueden identificarse signos característicos como el “waist sign” (estrechamiento a nivel del punto de torsión) y el remolino del pedículo cístico. El tratamiento consiste en colecistectomía urgente.
En el abdomen inferior, la torsión del epiplón y la torsión de los apéndices epiploicos son entidades menos graves. La apendagitis epiploica es autolimitada y se diagnostica típicamente en TC como una pequeña lesión grasa ovalada adyacente al colon, con un halo hiperatenuante y, a veces, un punto central trombosado. Su reconocimiento es clave para evitar tratamientos innecesarios.
En la pelvis, la torsión ovárica representa una urgencia ginecológica, frecuente en mujeres en edad reproductiva y habitualmente asociada a masas anexiales. La ecografía es la prueba inicial, mostrando aumento de tamaño ovárico, edema y folículos periféricos; la visualización del pedículo retorcido es muy específica. La RM y la TC pueden ser útiles en casos indeterminados. La torsión aislada de la trompa de Falopio es aún más rara y difícil de diagnosticar, requiriendo un alto índice de sospecha y, en muchos casos, confirmación quirúrgica.
Finalmente, en el escroto, la torsión testicular es una urgencia bien conocida, donde el diagnóstico rápido es crucial para la viabilidad testicular. El Doppler ecográfico es altamente sensible. En contraste, la torsión de los apéndices testiculares o epididimarios es benigna y se maneja de forma conservadora.
En conclusión, las torsiones abdominales y pélvicas no intestinales, aunque raras, deben considerarse en el diagnóstico diferencial del dolor agudo. El conocimiento de sus hallazgos radiológicos característicos, especialmente el signo del remolino, y la selección adecuada de la modalidad de imagen permiten un diagnóstico precoz, optimizan el manejo y mejoran el pronóstico del paciente.
Valoración personal:
He decidido escoger este artículo porque, si bien a menudo durante las guardias, se piden TCs abdominales orientados hacia una patología concreta, muchas otras veces las peticiones no tienen clara orientación y presentan gran inespecificidad.
Considero que, en estos casos, es vital tener en cuenta patologías menos habituales, que a pesar de ser diagnosticadas con menos frecuencia, son una realidad y no pueden pasar desapercibidas en el estudio durante la residencia, tal y como son las torsiones de los diferentes órganos abdominales.
Además, me ha interesado que, si bien la técnica principal referida es la TC, presenta un enfoque hacia la ecografía como primera línea en pelvis/escroto, y la RM como alternativa útil en jóvenes/embarazo y pelvis compleja. Como posibles “Key Points” que podrían complementar el artículo, sería de utilidad que aportase información sobre aquellos casos en los que se debería contactar con el equipo de cirugía general de guardia “sí o sí”, protocolos sugeridos o qué información reportar mínimo por órgano, de cara a resultar más práctico para un residente durante la guardia.
Carmen Castillo González
Hospital Universitario de Burgos, Burgos, R2
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