EDITORIAL: FEBRERO 2015

“One of the first maxims learned

by the physician is ‘non nocere’,

and he is seldom faithless to

it with regard to his patients.

Is his own body less worthy of care?”.

Esta entrega me parece una excelente oportunidad para comentar con vosotros una de las publicaciones de Radiology en su última edición. En el apartado de Reviews and Commentary: HISTORICAL PERSPECTIVES del número de Febrero se ha publicado un interesante artículo que relata los hechos que tuvieron lugar en los Estados Unidos allá por el año 1920. Los invito a leerlo.

Cuenta la historia de cómo muchas veces las ambiciones o simplemente las necesidades humanas se han antepuesto de forma errónea al bienestar y a la propia salud de la comunidad. Cuando el descubrimiento del radio y sus propiedades luminiscentes se volvió un boom en la industria norteamericana de aquella época. Se instituyeron por entonces muchos puestos de trabajo -principalmente para mujeres, paradójicamente por ser considerados más seguros para ellas- con el objetivo de sacar el máximo partido de las novedosas propiedades del citado elemento. Relojes, lámparas, linternas y un sin fin de objetos fueron elaborados aprovechando el “brillo eterno” del radio y desconociendo a fondo sus efectos adversos.

Así, sin darse cuenta, muchas personas estuvieron directa y/o indirectamente expuestas a los efectos deletéreos de la sustancia. Cuando finalmente los síntomas y las enfermedades empezaron a aparecer, la principales afectadas, conocidas como “las chicas del radio” tuvieron que superar mil obstáculos para que se reconociera a la manipulación de este elemento como culpable y a sus empleadores como responsables.

Lo interesante del caso de las radium girls es que constituyó el inicio del reconocimiento de los riesgos laborales en los Estados Unidos, involucrando por primera vez tanto a los medios de comunicación, como a la comunidad médica, los organismos públicos y legislativos. Poco después de lo sucedido se comenzaron a desarrollar los conceptos de dosis, dosímetro y otras mediciones cuantitativas de la exposición a la radiación. Este precedente ayudó a establecer una legislación destinada a proteger la salud y seguridad de los trabajadores. Aún hoy se mantiene como uno de los capítulos más notables de toda la historia de la radiobiología.

La labor del radiólogo implica muchas veces tomar ciertos riesgos -calculados- que no debemos perder de vista en nuestro diario quehacer, si buscamos siempre el bien de nuestros pacientes con mayor razón debemos también velar por nuestro bienestar. Sé que entre nuestro interés por aprender y el grado progresivamente creciente de responsabilidad que asumimos puede ser fácil olvidar “detalles” como nuestra seguridad ante potenciales fuentes de radiación, pero como especialistas en formación debemos tener esto siempre en mente, es otra de nuestras funciones.

Bienvenido Febrero, ¡esperamos que disfruten de las revisiones!

 

Gloria Maria Coronado Vilca. R3.
Hospital Universitario Virgen Macarena, Sevilla.
glorismcv123@gmail.com
@gloris777
Acerca de

Viviendo el trasatlanticismo en los tiempos que corren.

Publicado en Editoriales
One comment on “EDITORIAL: FEBRERO 2015
  1. Elejota dice:

    Exacto. E incluso se pintaban los labios con pintura de radio para parecer más atractivas. ¡Besos radiactivos!

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