Incidencia de la nefropatía inducida por contraste tras una tomografía computarizada

Artículo Original: Barrios López A, García Martínez F, Rodríguez J, Montero-San-Martín B, Gómez Rioja R, Diez J, Martín-Hervás C. Incidencia de nefropatía inducida por contraste tras una tomografía computarizada. Radiología. 2021;63(4):307-13.

DOI: 10.1016/j.rx.2020.02.002

Sociedad: Sociedad Española de Radiología Médica (@SERAM_RX).

Palabras clave: insuficiencia renal, insuficiencia renal aguda, realce de imagen, tomografía computarizada multidetector.

Abreviaturas y acrónimos utilizados: CIVa (contraste yodado intravascular), DM (diabetes mellitus), ERC (enfermedad renal crónica), FG (filtrado glomerular), HTA (hipertensión arterial), IRA (insuficiencia renal aguda), NIC (nefropatía inducida por contraste), TC (tomografía computarizada).

Línea editorial del número: La revista Radiología es el órgano de expresión científica oficial de la Sociedad Española de Radiología Médica, se publica de forma bimestral y publica dos ediciones (una en español y otra en inglés). En este número siguen predominando los artículos acerca del COVID-19, siendo cuatro de los ocho artículos del número acerca de este tema. Además, cabe destacar el editorial que recalca la importancia de realizar rotaciones en el extranjero, no solo durante la residencia, sino también a lo largo de la carrera profesional. 

Motivos para la selección: La administración de contraste en pacientes con algún tipo de alteración o enfermedad renal es algo habitual en la práctica de cualquier radiólogo. Es una praxis que, además, va en aumento debido a que cada vez se realizan más pruebas de imagen y a que, como consecuencia del envejecimiento poblacional, la edad de los pacientes a los que se realizan esas pruebas de imagen es cada vez mayor. Por tanto, considero que es importante este artículo que busca conocer la incidencia de NIC, reconocer a los pacientes con más tendencia a padecerla y el manejo para intentar prevenirla. 

Resumen: 

La NIC se define como un deterioro agudo de la función renal que ocurre entre el segundo y el quinto día tras la administración de CIVa, en ausencia de otra causa que lo explique. Para poder cuantificarlo se establecen unos valores numéricos, pudiéndose establecer el diagnóstico de NIC por un aumento absoluto en las cifras de creatinina de 0,3 mg/dL ó un incremento de las cifras de creatinina mayor del 50% sobre las cifras de creatinina basal.

Existen estudios que afirman que la NIC es una entidad real que, aunque poco frecuente, justifica la realización de medidas profilácticas para minimizar el riesgo, especialmente en aquellos pacientes que vayan a requerir diversos estudios de control por su patología de base o que presenten mayor predisposición a padecerla.

Entre las medidas preventivas cabe destacar la importancia de una buena comunicación entre el médico peticionario y el radiólogo y la correcta valoración del paciente para, así, poder seleccionar la prueba más adecuada. En el caso de que la prueba más adecuada requiriese de la administración de CIVa se han propuesto medidas profilácticas, siendo la más importante la expansión de volumen. Sin embargo, sigue sin haber consenso sobre la utilidad de la N-acetilcisteína ya que aunque reduce las cifras de creatinina, esto no se traduce en una prevención real de la IRA.

El objetivo del estudio realizado por Barrios López et al. fue definir la incidencia de NIC en un grupo de pacientes con daño renal moderado tras la realización de un TC con CIVa programado, así como la evolución de parámetros analíticos de función renal y su variación respecto a diferentes factores de riesgo.

Materiales y métodos

Se realizó un estudio de cohortes prospectivo en 112 pacientes citados para realizarse un TC programado entre el 1 de Julio y 30 de Noviembre de 2018, para seguimiento de una patología crónica con datos analíticos de ERC en los últimos 3 meses (FG:  < 60 ml/min/1,73 m2). Excluyendo aquellos menores de edad, ingresados o con FG <30 ml/min/1,73 m2. 

Se recomendó a los pacientes la aplicación de medidas profilácticas (hidratación con 2L de agua al día y 600 mg cada 12h de N-acetilcisteína durante los 2 días previos a la prueba) y 2-5 días tras la realización de la prueba programada se les realizó una analítica de control.

Resultados y discusión

Se analizaron los datos de 109 pacientes (se excluyeron 3 de los 112 que habían aceptado por no realizarse la analítca de control después de la TC),  de los cuales sólo uno desarrolló una IRA, es decir, una incidencia de 0,91% con un intervalo de confianza al 95% de 0,36 al 1,40. Este resultado es el esperable ya que en la literatura la incidencia de NIC como causa de IRA iatrogénica oscila entre 0,6% y el 2,3%. No obstante, el paciente que presentó la IRA en el estudio, que no tenía factores de riesgo, presentó de forma concomitante un cuadro infeccioso que requirió ingreso hospitalario, con normalización de las cifras de creatinina una semana después, tras la resolución del cuadro infeccioso, por lo que la IRA podría haber sido desencadenada por un cuadro séptico.

Según los resultados del trabajo existe una mejoría global en los parámetros analíticos de la función renal tras la realización del TC con administración de CIVa. Una posible explicación sería la hidratación que supone la propia administración del volumen del contraste, su efecto diurético osmótico y la consiguiente hidratación posterior.

La DM y la HTA son dos variables que habitualmente son consideradas como factor de riesgo para la aparición de la NIC, sin embargo, en este trabajo los pacientes con antecedentes de DM no presentaron variaciones significativas en sus cifras de creatinina sérica ni de su FG tras la realización del TC. En el caso de los pacientes con HTA sí que se detectaron diferencias significativas entre la media de las diferencias de la creatinina sérica y del FG respecto a los pacientes no hipertensos, no obstante, los pacientes hipertensos mostraron una mejoría en dichos indicadores de la función renal tras la realización del TC con CIVa.

Conclusión

Este estudio apoya que la incidencia de NIC en pacientes estudiados de forma ambulatoria, con un FG entre 30 ml/min/1,73 m2 y 60 ml/min/1,73 m2, es baja. En la muestra seleccionada se administró a los pacientes la mínima dosis de CIV yodado no iónico de baja osmolaridad, hidratación oral y N-acetilcisteína, observando una mejoría global de los parámetros analíticos de la función renal.

Valoración personal: 

Es un trabajo que aborda un tema importante para los radiólogos ya que forma parte de su día a día. Presenta ciertas limitaciones como por ejemplo el pequeño tamaño muestral (limitación que recoge en sus conclusiones) pero también el hecho de que no se incluyan pacientes con FG < 30 ml/min/1,73 m2 que podrían responder peor a la administración de CIVa ni pacientes de urgencias o ingresados cuya preparación y condiciones suelen ser menos óptimas que aquellas que las de los pacientes que se realizan pruebas programadas. No obstante, los criterios de inclusión fueron claramente expuestos, sus conclusiones son claras y coinciden con la literatura publicada acerca del tema y cumple con su objetivo de definir la incidencia de NIC en un grupo determinado de pacientes.  

Sara Roig Sánchez

Hospital Clínico Universitario de Valencia, R1

sararoigsan@gmail.com

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Publicado en Radiología, Revistas

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