Colecistostomía: diferencias entre el acceso transhepático y el transperitoneal.

Artículo original: Beland MD, Patel L, Ahn SH, Grand DJ, Image-guided cholecystostomy tube placement: short- and long-term outcomes of transhepatic versus transperitoneal placement. AJR 2019; 212:201–204

DOI: doi.org/10.2214/AJR.18.19669

Sociedad: American Roentgen Ray Society (@ARRS_Radiology)

Palabras clave: cholecystitis, cholecystostomy, gallbladder, gallbladder drainage

Abreviaturas y acrónimos utilizados: fr (French)

Línea editorial del número: ​

American Journal of Roentgenology publica un nuevo número con un total de 34 artículos, la mayoría originales, y 6 cartas al director. Entre todos ellos destaca un artículo original sobre las diferencias de género en los altos cargos directivos de servicios de medicina nuclear en Canadá y EEUU, concluyendo que las mujeres están infrarrepresentadas en dichos puestos.  El auge del feminismo igualitario también llega a los artículos académicos, que defienden la necesidad de una práctica médica igualitaria.

Motivos para la selección:

La colecistostomía es un procedimiento cada vez más frecuente en nuestro medio, donde el aumento de la supervivencia conlleva un incremento de los pacientes con múltiples comorbilidades que descartan la operabilidad de los mismos. Para estos pacientes es crucial tener una opción terapeútica con un riesgo ínfimo en comparación con la cirugía y que además es posible realizar incluso  a pie de cama en caso de pacientes en estado crítico. Además dado que la técnica requerida no es muy avanzada, parece razonable que cualquier radiólogo general fuera capaz de realizarla.

Resumen del artículo:

Aunque la colecistectomía es considerada el tratamiento de elección para la colecistitis aguda, como cualquier intervención quirúrgica, entraña unas complicaciones y una morbilidad elevadas en pacientes específicos. Para dichos pacientes, la colecistostomía es el tratamiento de elección.

La colecistostomía percutánea consiste en la colocación de un drenaje en la vesícula biliar mediante dos técnicas posibles: la técnica del trocar, por la que se introduce directamente el catéter en la vesícula; o la técnica de Seldinger, en la que, previa a la colocación del catéter definitivo, se realiza la introducción de un catéter de menor calibre. El abordaje puede ser transhepático o transperitoneal y la elección de uno u otro suelen a depender de la localización de la vesícula, el grado de distensión de la misma, la presencia o no de asas de intestino interpuestas, o el hábito corporal del paciente.  

El abordaje transhepático, en comparación con el transperitoneal, teóricamente presenta una menor posibilidad de peritonitis por fuga de bilis, un menor porcentaje de desplazamientos del catéter y una maduración más rápida del tracto del mismo. El grupo dirigido por Beland intenta en este artículo demostrar la superioridad de dicha técnica respecto a la contraria mediante la realización de un estudio retrospectivo en el que se incluyeron 373 pacientes sometidos a la colocación de un drenaje para colecistostomía durante 13 años en Hospital de la Rhode Island. Las posibles complicaciones que se estudiaron fueron: dolor en el lugar de inserción, bajo débito del drenaje o taponamiento del mismo, infección cutánea, biloma, colangitis, fuga pericateter, sangrado, absceso, peritonitis y retirada inesperada del catéter.

No se encontraron diferencias significativas en las características de los pacientes, salvo en el tamaño del catéter. En los drenajes transperitoneales, en su mayoría puestos mediante la técnica de trócar, el tamaño medio fue de 8,5 fr, mientras que en los drenajes transhepáticos, más comúnmente colocados mediante la técnica de Seldinger, eran de 10 fr. Tampoco se encontraron diferencias significativas en la frecuencia de complicaciones, sin que se reportase ninguna peritonitis secundaria.

Con todo ello se concluye la equivalencia de ambas técnicas en cuanto a resultados.

Valoración personal:

En ocasiones se mantienen ideas clásicas sobre las diferencias entre distintos abordajes de un mismo procedimiento, principalmente en cuanto a complicaciones se trata, sin embargo, dichas diferencias se pierden con el avance general de la técnica y de los materiales. Ante el abordaje transhepático o el transperitoneal, ambos igualmente válidos tal y como demuestran Beland et al., las características intrínsecas del paciente deben ser las únicas que hagan al especialista decantarse por uno o por otro.

Irene Cedrún Sitges. 

Hospital Universitario de Getafe, R3.

irenecedrun@gmail.com 
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Publicado en American Journal of Roentgenology, Revistas

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