Equinococosis renal quística: resultados a largo plazo del tratamiento percutáneo

Artículo original: Ciftci T, Unal E, Azizova A, Ayyildiz V, Akinci D, Akhan O. Renal Cystic Echinococcosis: Long-Term Outcomes of Percutaneous Treatment. Journal of Vascular and Interventional Radiology. 2021;32(6):890-895.e2.

Sociedad: Society of Interventional Radiology (@SIRspecialists)

DOI: https://doi.org/10.1016/j.jvir.2021.03.519

Palabras clave: N/A

Abreviaturas y acrónimos utilizados: EQ (equinococosis quística), CaTMo (cateterización modificada), PAIR (punción, aspiración, inyección, re-aspiración), OMS (Organización Mundial de la Salud).

Línea editorial del número: La revista Journal of Vascular and Interventional Radiology publica en el mes de junio su 6° volumen del año con 6 cartas al editor, dos cuestionarios y 20 artículos, en su mayoría relacionados con el uso de  diferentes materiales de embolización tanto arteriales como venosos. Destaca la revisión de Turkmen Turan Ciftci et al. sobre el tratamiento percutáneo de la equinococosis renal quística, evaluando su efectividad y complicaciones en una enfermedad cuyo tratamiento tradicional es de manejo quirúrgico.

Motivos para la selección: La equinococosis es una patología relativamente poco frecuente en nuestra sociedad que suele afectar predominantemente al hígado y/o pulmones. La presentación renal quística se estima apenas entre un 1-3% de las hidatidosis. En este caso, he escogido el artículo que trata el tratamiento percutáneo de la equinococosis renal quística porque me ha llamado la atención que en una patología cuyo tratamiento histórico se asocia a la cirugía, exista la opción de tratamiento percutáneo con resultados prometedores y me parecía interesante conocer el procedimiento.

Resumen: 

La hidatidosis o equinococosis quística es una enfermedad infecciosa causada por la larva del Echinococcus granulosus que afecta al hígado y a los pulmones en aproximadamente un 75% y 15% de los casos, respectivamente. Las larvas se alojan en dichos órganos tras la invasión del tracto gastrointestinal. Sin embargo, en un pequeño porcentaje  de los pacientes, las larvas logran evadir los mecanismos de defensa pulmonares y hepáticos entrando así a la circulación sistémica e infectando a los riñones.

La EQ renal se caracteriza por presentarse como una lesión cortical, unilateral, solitaria y asintomática (hasta llegar a los 10 cm aproximadamente), usualmente en el contexto de una afectación pulmonar o hepática ya establecida.

En el tratamiento de la EQ abdominal, se consideran una aproximación acorde al estadiaje y la clasificación del Informal Working Group on Echinococcosis de la OMS. Todos los quistes viables han de ser tratados de acorde al estadio en el que se encuentran, sin importar su tamaño. El tratamiento médico antihelmíntico (albendazol) es la primera línea terapéutica en lesiones hepáticas pequeñas (hasta 5 cm), y la cirugía es la primera línea para el resto de lesiones abdominales.

A pesar de los avances en las técnicas percutáneas para el tratamiento de la EQ renal, existen pocos estudios realizados. La baja prevalencia de la enfermedad dificulta el reclutamiento de pacientes necesario para un estudio significativo.  

En este artículo los autores evalúan los resultados a largo plazo del tratamiento percutáneo de la EQ renal, estratificando los casos de acuerdo a la clasificación de la OMS y analizando los casos y técnicas exitosas, así como el número de incidencias y complicaciones, comparando diversos parámetros (volumen final del quiste, reducción del número de quistes o tiempo de estancia hospitalaria posterior a la intervención) entre las diferentes técnicas utilizadas.

La clasificación de la OMS divide las lesiones quísticas en activas (CE1, CE2), en estado transicional (CE3a, CE3b) e inactivas (CE4, CE5). Las lesiones CL son indiferenciables de otros quistes.

Es un estudio retrospectivo, desde 1997 hasta 2019 que incluye a un total de 34 pacientes (18 mujeres y 16 hombres, con una edad media de 38 años (± 16,5 años)) tratados mediante punción, aspiración, inyección y re-aspiración (PAIR), cateterización estándar o modificada (CaTMo). Se incluyeron en el estudio 16 CE1, 7 CE2, 5 CE3a y 6 CE3b mientras que se utilizó como criterio de exclusión la presencia de quistes inactivos. 

Como estudios de imagen se realizaron TC abdominales y RM para evaluar el estadio exacto, localización, número de quistes y relación de estos con el sistema colector urinario. A los pacientes se les administró albendazol antes y después del procedimiento se realizaron controles analíticos hematológicos y de la función renal

Los procedimientos fueron realizados por radiólogos intervencionistas con al menos 5 años de experiencia. Se prefirió PAIR o la cateterización estándar para las lesiones sin vesículas hijas (CE1 y CE3a) mientras que CaTMo fue la técnica utilizada para las lesiones con vesículas hijas (CE2 y CE3b).

Técnicas

  • PAIR. Se punciona el quiste mediante una aguja de Seldinger guiada por ultrasonido. Se aspira cerca de un 20% del contenido del quiste para luego introducir contraste de fluoroscopia para comprobar que no exista comunicación entre el quiste y el sistema colector urinario. Posteriormente se aspira el resto del quiste y se inyecta solución hipersalina para separar la membrana periquística. Por último se introduce etanol para esclerosar los restos del quiste y posteriormente se reabsorbe todo.
  • Cateterización estándar. Se realizan los 3 primeros pasos del PAIR (punción, aspiración e inyección) para luego colocar una guía Amplatz en la cavidad, por la cual se va a introducir un catéter de drenaje 8-F. El catéter se fija a la piel mediante un punto de sutura y se mantiene el drenaje por gravedad hasta que el volumen drenado es menor de 10 ml/24h. Se introduce contraste para visualizar las paredes del quiste y se realiza la escleroterapia con etanol durante 10 minutos, retirando el etanol y el catéter al finalizar.
  • CaTMo. Después de realizar una primera punción con una aguja Seldinger 18 guiada por ultrasonido, se introduce contraste en la cavidad seguido por una guía Amplatz guiada mediante fluoroscopia. Para evitar fuga del contenido del quiste, se ensancha el tracto con dilatadores de calibre progresivamente mayor sobre la guía de manera rápida y guiada por fluoroscopia. Luego se introduce un catéter pigtail de gran calibre para romper mecánicamente las vesículas hijas. Se continua el procedimiento con múltiples inyecciones de solución salina alternadas con aspiración del contenido y las membranas. Si el Si el volumen drenado es menor de 10 mL y se confirma la ausencia de membranas o vesículas hijas mediante RM o cavitografía, se procede a la esclerosis de la cavidad.

Los resultados obtenidos demostraron una tasa de éxito de la técnica empleada de un 100%, mientras que el único evento adverso grave fue una sobreinfección bacteriana de la cavidad en un paciente tratado con CatMo (3%). El tiempo de estancia postintervención fue de 1, 5 y 7 días para los pacientes tratados con PAIR, cateterización estándar y CatMo respectivamente

Se obtuvo un 97% de resultados clínicos positivos, con un solo caso (3%) de recurrencia el cual fue reintervenido sin complicaciones. Durante el seguimiento a 10 años de los pacientes se observó una reducción del 95% del volumen de las lesiones, con un volumen quístico medio de 10ml.

Concluyen los autores que los quistes renales EQ pueden ser tratados con mínimos efectos adversos y tasas de recurrencia utilizando las técnicas apropiadas para los diferentes estadios de acuerdo a la calcificación de la OMS.

Valoración personal:

A pesar de las limitaciones que tiene el estudio, retrospectivo, poca muestra y ausencia de grupo control, los resultados obtenidos abren la posibilidad o al menos, la discusión sobre el papel que puede tomar la Radiología Intervencionista en este tipo de patología. 

Sin embargo, al no poseer un grupo control con la técnica establecida en la actualidad como el gold standard (cirugía) es difícil extrapolar los resultados obtenidos en este estudio para su comparación. Llama la atención también que dentro de los casos seleccionados no hubo ninguno con afectación del sistema excretor urinario, lo cual sería una contraindicación para algunos de los materiales utilizados en los diferentes procedimientos.

Para terminar, creo que es un buen punto de inicio para estudiar el rol que puede tomar la Radiología Intervencionista con el abordaje percutáneo para la EQ renal como lo demuestran los resultados obtenidos en el estudio.

Elias Eduardo Salazar Portal

Hospital Universitario de Getafe, R1

eesalazar19@gmail.com

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Publicado en Journal of Vascular and Interventional Radiology

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